El Valle de México vivió lluvias históricas que pusieron a prueba la capacidad de respuesta de la ciudad ante eventos extremos. Ante anegamientos y daños significativos, el gobierno capitalino implementó protocolos de emergencia como el Plan Tlaloque y monitoreo intensivo de la infraestructura hídrica, logrando una atención oportuna que fortaleció la resiliencia social. La experiencia resalta la necesidad de invertir en infraestructura de captación y drenaje, modernizar sistemas de alerta y garantizar la justicia hídrica, consolidando así una gobernanza robusta y transparente frente al cambio climático.